Las lágrimas de Mafalda

Mafalda siempre me ha encantado, no sólo por el ácido sentido del humor que la caracteriza, sino por la fuerza y la pasión con la que entiende e interpreta el mundo. Siempre he sabido que es posible ver a Mafalda feliz, o profundamente indignada. Desde luego pensé que nunca, por nada, este personaje apoyaría los codos sobre las rodillas y se echaría a llorar. Y bien, estaba equivocada, hoy ha sido el triste día en que he visto rodar lágrimas por las mejillas de mi niña-dibujo favorito.
Por cuestiones del destino llegó hasta mí una presentación en power point de estas que intentan ser fuente de sabiduría o por lo menos alegrarte el día. Confieso que, puesto que mi ordenador suele quedarse bloqueado cada vez que uso el power point, no suelo abrir ninguna presentación. Sin embargo esta llevaba el nombre de mi adorada Mafalda en el título. Motivo suficiente para que yo decidiera arriesgar el bloqueo… Mi ordenador se quedó bien, yo no. Si después de tantos años de lucha por una igualdad de género tenemos que seguir encontrándonos con mujeres que tiran piedras sobre su propio tejado, creo que Mafalda, lo menos que puede hacer, es echarse a llorar.
La presentación pretende dar motivos sobre por qué ‘las mujeres cuando envejecemos nos ponemos gordas’… primera generalización que rebasa los límites de estupidez que estoy dispuesta a tolerar. En fin, para desgracia de Quino, todas las palabras se ponen en boca de Mafalda. Sí, el collar de perlitas que conforma la presentación se supone que es sabiduría Mafaldina en estado puro. Sigamos; ‘engordamos’ porque a lo largo de nuestra vida vamos acumulando tanta cultura, que al final no nos cabe en la cabeza y tiene que distribuírsenos por el cuerpo. Luego somos cultas, cultísimas, y como muestra de ello, ahí va la lista de motivos que a la autora de la presentación se le han ocurrido para fundamentar nuestra perfección:
1) no nos quedamos calvas
2) podemos usar tanto color rosado como azul
3) siempre sabemos que nuestro hijo es nuestro
4) tenemos prioridad en los naufragios
5) no pagamos la cuenta
6) si somos traicionadas, somos víctimas. Si traicionamos, ellos son cornudos.
7) podemos dormir con una amiga sin ser llamadas homosexuales
8. podemos prestar atención a varias cosas a la vez
9) mujer de embajador, es embajadora; marido de embajadora, ¿quién es?
10) mujer de presidente es la primera dama; marido de la presidenta, ¿quién es?
11) si decidimos hacer trabajos de hombres somos pioneras, si un hombre decide hacer trabajos femeninos es maricón
12) Hacemos todo lo que el hombre hace, ¡y con tacones altos!
Si Mafalda leyera esto, ¡SE MUERE! Parece imposible encontrar palabras más opuestas a la naturaleza de la brillante niña… Pero dejemos a Mafalda en paz de una vez. No sé ni por dónde empezar a comentar los muchos puntos que me parecen detestables en la dichosa presentación. Si quisiera englobar mi descontento en una sola idea, podría decir que todas las ‘razones de perfección’ aluden a una polarización de la humanidad. Un juego de opuestos hombre vs. mujer. Luego adiós a cualquier posibilidad de igualdad. ¿Qué igualdad? Si se enfatiza la diferencia. Y peor aún, la diferencia se establece mediante una definición de la mujer que resulta ser no hombre. Es una visión en la que ‘todo lo que no es hombre’ acaba en el saco de lo que define el concepto mujer. Pero es que la cuestión no termina allí, no es un mero problema de polarización; los parámetros que la autora de la presentación usa son claramente machistas. Hay mujeres machistas, sí, quien no lo crea, que lo piense un poquito. La serie de restricciones que se presuponen verdaderas para los hombres es, cuanto menos, arcaica. ¿De verdad hay colores que los hombres no pueden usar? ¿Sería alguien tan amable de pasarme una lista de las profesiones que los hombres a los que quiero en mi vida tienen que evitar?.. Llevamos varias vidas quejándonos de injusticias tales como la idea de que una mujer que tiene varias parejas es una cualquiera, mientras que un hombre es un Don Juan. No es justo porque no es equilibrado, porque no es IGUALDAD, por eso tantas mujeres nos hemos quejado de conceptos como este. Resulta ahora que de un plumazo, o mejor dicho, de un power pointazo, nos cargamos todo el camino recorrido, reenviando a nuestras amigas el mensaje de que en cuestiones de infidelidad no es lo mismo ser hombre que mujer.
Joya seguida de joya… ‘mujer de embajador… mujer de presidente’… gemas ideológicas que vuelven a la idea victoriana de que la naturaleza del hombre es ser fuerte. Ante profesiones públicas, el que tiene que estar al frente es él… o no es nadie. Las mujeres seguimos teniendo nuestro glorioso ‘detrás de todo gran hombre hay una gran mujer’; tranquilas, la “naturaleza” indica que él debe ser superior. ¡Pobre del hombre al que se le ocurra adoptar una posición inferior a la de su mujer!
Tienes que reenviar por lo menos a diez mujeres el mensaje, no sea que se nos olvide lo inútiles que somos. Sigamos, sigamos promoviendo un mundo en el que las demostraciones físicas de afecto pueden tener lugar sólo entre mujeres, ya que los hombres, si son heterosexuales, no tiene por qué querer a sus amigos. Sigamos enseñando a nuestros hijos que su papel es pagar la cuenta de la mujer, ya que esta es demasiado frágil (¿o demasiado tonta?) para tener un sueldo que le permita compartir gastos a mitad. Asegurémonos de que nuestros hijos elijan el día de mañana como pareja a una mujer ‘que no les haga sombra’, de lo contrario serán ‘poco hombres’. Sigamos salvaguardando la idea de que el valor de una mujer es ornamental, alimentemos la anorexia y la infelicidad, ¿por qué no? Si lo importante en una mujer es que no se quede calva, que lleve tacones, en pocas palabras, que sea el trofeo del hombre de éxito. Recordemos a nuestras hijas que somos flores: sin cerebro, calladitas y con una belleza que bueno, sí, se marchita después de un rato. Sigamos. Sigamos poniendo ladrillos en el muro que tantas mujeres y hombres han tardado tanto tiempo en derrumbar.







