Estimados profesores Kevin Reynolds y Ridley Scott


Isolda (a Tristán): ¿Qué estarán pensando?
Tristán (mira con dulce desconcierto a Isolda): No lo sé.
Yo (entre sorprendida y cabreada): Sí lo sé, yo sí sé lo que están pensando <>  

Próculo nunca podrá explicarle a su esposa por qué, viviendo plácidamente en Pompeya, se despertaron un día en un trozo de muro en medio de un bosque en la costa occidental de Inglaterra, en Cornualles para ser exactos. <>

¡Cuánto se aprende yendo al cine, cuánto! Ayer aprendí por ejemplo que el retrato de Paquio Próculo y su mujer, que yo creía que estaba en el Museo Nacional de Nápoles, no, no está allí, no. O más bien, tal vez sí está allí ahora mismo porque tal vez fue trasladado. Digamos que hasta lo del traslado podemos más o menos estar todos de acuerdo. Eso sí, si nos preguntamos desde dónde lo trasladaron entonces ya el consenso se rompe y se hace necesario documentarse yendo a ver Tristán e Isolda de Kevin Reynolds. Yo pensaba que ese fresco estaba originalmente en una casa de Pompeya, pero no, ni era una casa -era un castillo-, ni estaba en Pompeya -estaba en Cornwall (o Cornualles, como se prefiera)-. ¡Menos mal que me dio por ir a ver Tristán e Isolda, que si no…! Aprendí también que, contrariamente a lo que me enseñaron en la facultad de filología, el papel de la imprenta está sobrevalorado, muy sobrevalorado. A los irlandeses no les hacía ninguna falta que Guttemberg se sacara el invento ese de la manga, porque ellos, por ahí del siglo VII ya tenían ediciones de bolsillo -ríete tú del círculo de lectores, las promociones del rey Donnchadh, padre de Isolda en la peli, funcionaban mucho mejor-. Pues sí, quiero compartir con vosotros este descubrimiento: Isolda leyó hermosos poemas a Tristán y ayudó así a curar la herida de su pecho, por dentro y por fuera. Por fuera con hierbas que contrarrestaban el veneno y ayudaban a cicatrizar, por dentro con poesía lírica para quitarle lo salvaje al corazón de Tristán. Ahora bien, lamentablemente mi memoria no tiene el alcance suficiente como para recordar con exactitud los versos con los que Isolda domesticó a Tristán, pero bueno, para mantenernos en la línea de fidelidad histórica de la película, supongamos que como buena patriota Isolda leería (casi) sin duda alguna algún poema de Yeats, que para algo es irlandesa la chica. ¡Qué más da si ella era medieval y Yeats no escribió hasta finales del XIX! Lo que cuenta es lo bonito de la historia, lo importante, como dice la web oficial de la película, es que “Before Romeo & Juliet there was Tristan & Isolde” (por lo menos en eso no se equivocaron).
La escena que describe esta ilustración tan bonita de Yoshitaka Amano (Isolde and Tristan share the Love Potion), no la encontraréis en la película, pero de momento no voy a contar por qué, que lleva poco tiempo en cartelera y tampoco se trata de chafar la historia a quien no la haya visto. Además, la peli en el fondo no está tan mal. La ropa es bonita, los escenarios supongo que coinciden más o menos con los que según las leyendas artúricas serían los originales, y sí, Patri, sí, James Franco está bastante bueno y me parece que en general cumple con las expectativas del papel de Tristán.
Gracias a www.tristanandisolde.net por la ilustración de Amano y a www.homolaicus.com por el fresco de Próculo.

2 comentarios

  1. Comentario por Iván on Marzo 12, 2006 2:30 pm

    No, yo no he visto la película. Pero sin duda iré a verla para “disfrutar” de las anacronías que en ella se plantean y que, seguro, dan un sabor muy especial a todo el filme.

    Lo que cuentas, Martha, me recuerda a los panfletos que, en la memorable Gladiator, anunciaban a Roma los espectáculos del circo. Y sólo tropocientos años antes de que se inventara la linotipia. Maravilloso, yo quedé fascinado por el poder ficcionalizador de esa película.

    Otra cosa muy distinta es hacerlo con intención. Y pongo un ejemplo. En la novela Vigilia del almirante, del ya fallecido Roa Bastos, que narra el viaje de Cristóforo Columbus para llegar a Oriente por Occidente, se nos revela que Colón ya había leído Pedro Páramo, libro escrito unos quinientos años después del Descubrimiento. Pero ahí, Roa Bastos planteaba unas deliciosas intertextualidades prospectivas que sólo descubrirá aquél que lea el libro…

  2. Comentario por Guruguruguru on Marzo 13, 2006 12:24 pm

    Pues mira, un libro más para mi lista de lo que me apetece leer. ¡Si es que hay tantas cosas buenas que leer y tan poquito tiempo! Lo leeré, lo leeré.

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