Poca vida para tanta literatura. Yo por eso: Código Da Vinci
La vida es corta, y mucha la buena literatura; ¡hay tantas cosas buenas que leer! No importa que la basura literaria se reproduzca a ritmo de conga, por muchos platos de best-seller que nos sirvan no podrán acabar con nuestro apetito, y por suerte, siempre quedará en la despensa una reserva de buena literatura para dar gusto a todos los paladares, ya se prefieran los vinos añejos de hace mil años o los vinos jóvenes de reciente creación. Lo siento, hoy estoy muy culinaria, serán los efectos narcotizantes de la papaya. Anoche estuve en la fiesta de celebración de los cinco años de Booket, donde el naranja color de la editorial y el naranja papaya se fundieron en un solo ser. Ya veis, a la manera de Las mil y una noches, los invitados conocimos las mil y una formas de preparar la papaya. Desd
e los entrantes hasta los postres: salmorejo con papaya, carnes de distintos tipos con papaya, salmón con papaya, merluza con papaya, queso con papaya, papaya recubierta de chocolate amargo con curry -muy buena, por cierto, ¡con lo que me gusta lo exótico!- en fin, tuvimos una noche con luna de color naranja apapayado. Yo, vegetariana de toda la vida, veía pasar las bandejas de no comestible + papaya mientras bebía mi cóctel que entre otros ingredientes llevaba zumo -de papaya, claro-. Y no me quejo, porque lo pasé francamente bien, aunque hoy la resaca y el poco sueño -cortesía del de siempre- me recuerden que no es buena idea combinar la fruta de la pasión con el alcohol. ¿Y qué pasó durante las conversaciones? Lo de siempre: “¿no has leído tal libro? ¿No conoces a tal autor?, ¡pero si es buenísimo y mexicano!” Y yo que digo: “oiga usted, no me venga con autores mexicanos que no tengo tiempo, estoy ocupada leyendo las memorias de Da Vinci y el Código de la Geisha, ¡déjeme en paz!” No, ya en serio, pensé lo que pienso siempre y me salió el comentario que suelto siempre: no tengo tiempo para davincheadas habiendo Cortázares y Borjes que no he leído aún. Esto no es un arranque de esnobismo, es que lo pienso de verdad (ahí tienen los señores la sección de “comentarios” para ponerme a parir si quieren).
e los entrantes hasta los postres: salmorejo con papaya, carnes de distintos tipos con papaya, salmón con papaya, merluza con papaya, queso con papaya, papaya recubierta de chocolate amargo con curry -muy buena, por cierto, ¡con lo que me gusta lo exótico!- en fin, tuvimos una noche con luna de color naranja apapayado. Yo, vegetariana de toda la vida, veía pasar las bandejas de no comestible + papaya mientras bebía mi cóctel que entre otros ingredientes llevaba zumo -de papaya, claro-. Y no me quejo, porque lo pasé francamente bien, aunque hoy la resaca y el poco sueño -cortesía del de siempre- me recuerden que no es buena idea combinar la fruta de la pasión con el alcohol. ¿Y qué pasó durante las conversaciones? Lo de siempre: “¿no has leído tal libro? ¿No conoces a tal autor?, ¡pero si es buenísimo y mexicano!” Y yo que digo: “oiga usted, no me venga con autores mexicanos que no tengo tiempo, estoy ocupada leyendo las memorias de Da Vinci y el Código de la Geisha, ¡déjeme en paz!” No, ya en serio, pensé lo que pienso siempre y me salió el comentario que suelto siempre: no tengo tiempo para davincheadas habiendo Cortázares y Borjes que no he leído aún. Esto no es un arranque de esnobismo, es que lo pienso de verdad (ahí tienen los señores la sección de “comentarios” para ponerme a parir si quieren).Como nota de “sociales” puedo contar que había gente muy interesante. Conocí a Marc, el ganador del premio universitario de este año. Aunque claro, eché de menos a Iván Pérez, mi compañero de aquel primer año Booket -¡qué tiempos aquellos!-, creo que deberían haberte invitado, Iván, y no es por hacer la pelota, creo que deberías haber estado allí. Y otro que debería haber estado -y que conste que esto no es hacer la pelota para nada porque ni siquiera lee mi blog- es Raúl Ferruz, ese chico sí que es un ejemplo de constancia: tres años lleva el premio, tres publicaciones lleva el niño, ¡ahí es nada! A ver si me hago con el libro de este año y consigo leer su Helado de fresa, que por lo que comentaron ayer, es bastante bueno. Acaríciame, su relato del año pasado ya me gustó mucho; “explíqueme usted, Raúl -aunque no lea nunca mi blog- ¿cómo hace para combinar erótico y gore?” Una buena pregunta que me interesa de verdad, porque lo erótico es algo que se me sigue resistiendo desde el punto de vista narrativo, así que me gustaría saber cómo lo hacéis. No sabéis la envidia -sana, hay que decir siempre, ¿no?- que me dan ciertos momentos mágicos de relatos como el Hijo mío de Iván. En fin, yo soy más cabecita loca, mi fantasía va más por los caminos de “pero chica, ¿qué te has fumado?!!”, en ese sentido creo que me parezco más a Eva, la del relato ganador del año pasado. Y por cierto, he conseguido el link para todos estos relatos de los que os estoy hablando:
Y en otro “por cierto”, os cuento que nos obsequiaron con una cajita muy chula que lleva los diez imprescindibles de los lectores -creo que la cosa se decidió por votación popular en la web de Booket- y los libros son estos:
El peregrino de Compostela (Paulo Coelho)
1984 (George Orwell)
El hereje (Miguel Delibes)
Beatriz y los cuerpos celestes (Lucía Etxebarría)
La aventura del tocador de señoras (Eduardo Mendoza)
El hobbit (J.R.R. Tolkien)
Los renglones torcidos de Dios (Torcuato Luca de Tena)
El origen perdido (Matilde Asensi)
El perfume (Patrick Süskind)
Donde el corazón te lleve (Susanna Tamaro)
Bien, bien, muy bien. Estoy contenta porque sólo he leído los dos últimos, así que ya tengo libros para el veranito. Anoche empecé el de Lucía Etxebarría y de momento me está gustando mucho, ya veremos cómo sigue. Agrego como comentario que NO pienso comprarme aquel manual suyo anti-depresiones amorosas, lo que escribí hace un par de meses fue un puro pretexto poético. Confieso que lo he hojeado en las librerías, sólo para convencerme una vez más de que soy bastante rarita y sus comentarios de poco -o nada- le pueden servir a una persona que no se deprime por no parecerse a las modelos de la pasarela Cibeles ni está enamorada de ninguno de los vigilantes de la playa… Son dos cuestiones que ni se me habían pasado por la cabeza, creo que mis comederos de tarro no van por esos derroteros.
Bueno, y ya está bien de rollos por hoy. Ya me contaréis vuestro top 10 de libros imprescindibles, así seguiréis cultivando mi convicción de que las memorias de Da Vinci mejor dejarlas aparcadas en el escaparate de la librería -ahí, a que se les decolore la portada con el sol hasta que lleguen los secretos inconfesables de la Magdalena o algo así a desbancarlos-. Otro top 10 que se propuso anoche fue el de las novelas peor adaptadas al cine. Yo creo que con diez nos vamos a quedar muy cortos, pero se aceptan gustosamente las candidaturas.
Mi último por cierto va para David y sus Ausencias… ¡que sepas que sé que me lees de vez en cuando! ¡Para que veas de lo que se entera una en las fiestas! Y otra cosita más, enhorabuena por tu publicación de este año! Y ahora, por favor, lee esto intentando escucharme con tono de súplica: dame aaarrrrrrgo, mándame algún relato, que me tienes abandonada!
3 comentarios
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
Deja un comentario







Ante todo y como siempre, gracias por tus palabras y tu recuerdo.
Sí, a mí también me apena que no me invitaran. ¿A quién no le gusta una fiesta? Y más aún en la situación que estoy yo, que lo más emocionante que me ocurre en la semana es coger el tren para ir a la academia, junto a seres humanos con los que es posible charlar y cambiar impresiones.
Por supuesto, también me hubiera gustado verte, rememorar los tiempos heroicos de la I Generación Booket y charlar de literatura de la buena (única y verdadera), no de boñiguitas recomendadas en tertulias de pedantes…
Un abrazo, niña. Que si no, me embalo y no paro de escribir.
A mí la papaya no me gusta… pero qué bueno estaba el salmóm marinado (más naranja booket), el sushi y tantas otras cosas. Y conoceros a vosotras. Un placer. Besos
Me gusta mucho la definición de nuestro estilo con esa frase tan descriptiva: “Pero chica, ¿qué te has fumado?”. Igual por eso nuestros cuentos sólo los comprenden las elites, Martha
En cuanto a mí, ojalá pudiera decir que me he fumado una papaya, pero nadie me creería…Bu…