El óvulo idiota

Presumo que todos -o casi todos- conocen la historia original. No voy a decir “la de toda la vida”, pero sí aquella que nos contaron en el colegio y que compartimos como generación: antes de que nosotros fuéramos nosotros, hubo una carrera desenfrenada de espermatozoides desmelenados que se empujaban unos a otros y se dejaban el alma por llegar primero; como si por la proeza fueran a salir en la tele… Bueno, en el caso de los que nacimos en mi década no hubo tele, aunque hay que decir que los espermatozoides greñudos de hoy sí que salen saludando en la ecografía… Pero no quiero desviarme del tema, así que volvamos a la imagen de la carrera de espermatozoides sacando pecho. Del otro lado de la foto: óvulo petrificado que observa inmóvil la que se le deja venir encima sin comerlo ni beberlo… cierra los ojos, coge aire, aprieta la boca, and the winner -uno, sólo uno, salvo en casos de empate, claro- cruza la meta sin contemplaciones, y encima creyéndose el rey.
Se acabó.
C’est fini.
Punto.
Nadie le preguntó nunca al óvulo qué le parecía, si estaba de acuerdo, si se encontraba preparado, si tenía algún compromiso o si pensaba salir aquella tarde. En ningún momento pudo el óvulo decir “oye, mira, que prefiero al chiquito de al lado”. Ni serenata, ni cenas románticas, ni unas florecitas siquiera; NADA. Es lo que se llama entrar a saco. El más machito de los espermatozoides adquiere, por el mero hecho de haber sido el más rápido, el t
ítulo de dueño, señor y poseedor del recinto. A partir de ahí: a mandar. Y el óvulo a dividirse. Que si hay que fabricar las piernas, que si el corazón, que si la piel. Y el espermatozoide sentado en el sillón, con el mando a distancia bien cogido: “te recuerdo que los ojos son dos. Y no se te olvide poner uñas en todos los dedos. En los de los pies también. Ah, y la nariz, pequeñita, ¿eh?” División, división, división. El óvulo que era uno y vivía tan tranquilito, ahora tiene que dividirse por mil. Contesta “Señor, sí, señor” y piensa en silencio “si lo sé, me escapo el mes pasado con mi hermana.”
ítulo de dueño, señor y poseedor del recinto. A partir de ahí: a mandar. Y el óvulo a dividirse. Que si hay que fabricar las piernas, que si el corazón, que si la piel. Y el espermatozoide sentado en el sillón, con el mando a distancia bien cogido: “te recuerdo que los ojos son dos. Y no se te olvide poner uñas en todos los dedos. En los de los pies también. Ah, y la nariz, pequeñita, ¿eh?” División, división, división. El óvulo que era uno y vivía tan tranquilito, ahora tiene que dividirse por mil. Contesta “Señor, sí, señor” y piensa en silencio “si lo sé, me escapo el mes pasado con mi hermana.”Nos puede gustar más o menos, pero es el misterio de la vida, así nos lo enseñaron. La parte masculina es activa y triunfadora, la femenina es pasiva y sufre en silencio. El milagro de la vida. Los milagros no tienen explicación…
Y no.
Resulta que no. Podréis haber sacado un diez en biología, pero no.
La historia no es así. Eso era antes, ahora no. Los tiempos han cambiado hasta para eso. Lo supe porque vi a Jodorowski el otro día en la tele y lo explicó muy clarito. Dijo que no es verdad que el óvulo idiota esté esperando a ser violado, ni que gane el espermatozoide con más cilindrada -lo de la cilindrada es mío, lo de la idiotez del óvulo es del Sr. Jodorowski-. Así no son las cosas, explicó el escritor. El óvulo está imantado, atrae, embruja.., camela, vamos. Escoge de entre la multitud y dice “que me envuelvan al moreno de la tercera fila, por favor. Que se viene conmigo.” Lo hipnotiza, y lo atrae.
Esto cambia completamente la historia, porque según Jodorowski la otra explicación no es más que una interpretación machista del acontecimiento reproductivo.
Yo qué sé.
¿Qué opinaría Julia Kristeva de esta nueva versión del Génesis celular? ¿Le aplicaría un análisis textual tipo escuela de Praga y se quedaría satisfecha?
Y nosotros, fruto de Atila el espermatozoide bárbaro y Sabina el óvulo raptado, ¿qué opinamos?
Y vosotros, fruto de Menganito el espermatozoide currito y Matahari el óvulo devorador, ¿qué opináis?
Declarémonos postmodernos, echemos la culpa de todo a nuestros orígenes traumáticos, achaquemos nuestras desgracias a la falta de información escolar. Deconstruyamos la fecundación y volvámosla a construir como nos dé la gana. Pero sobre todo, sobre todo, sigue jugando, como pone en los rasca rasca que nunca tienen premio. Escribamos una carta a Jodorowski para pedirle que retire el término Idiota… que es políticamente bastante incorrecto. Sigamos jugando, y si a alguien le toca premio… que lo disfrute y que no cante “gol”.
2 comentarios
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Vamos, que el óvulo hace básicamente lo que hacéis siempre las mujeres
Si es que sois unas manipuladoraaaas…
jeje
Vengaaaa, si al final os gusta