El bosque de Nek Chand

“Cojo un trozo de mármol y quito lo que sobra.” Parece que algo así es lo que decía Miguel Ángel. Cualquiera que haya tenido la ocasión de ver una de sus esculturas sabrá de primera mano que, efectivamente, son piezas que bien parece que hayan tenido vida incluso antes de existir. Pero, ¿y cuando es la basura la que da señales de vida? Entonces la cosa, además de extrañamente contemporánea, resulta digna de atención.
Este cuento va de basura. Va de un bosque poblado de seres mágicos que surgieron de sus propias cenizas, como el ave Fénix, o, para ser más exactos: surgieron de entre las brumas del abandono y el olvido de la “civilización”.
En el bosque de nuestro cuento hay animales –como en cualquier bosque que se precie-; perros felices, monos que miran con curiosidad al paseante, incluso gente que recibe al forastero con las manos abiertas.
Todo empezó hace aproximadamente 36 años, cuando un controlador de carreteras de la ciudad de Chandigarh en India, pensó que las piedras, los trozos de cerámica, los cacharros de naturaleza diversa que alguien había acumulado en una montaña de basura sin dueño merecían ser rescatados. Con entusiasmo y nocturnidad, Nek Chand -el protagonista del cuento- se entregó a las incursiones en bicicleta. En secreto y con paciencia, hizo la labor de la hormiga; el transporte sin prisa y sin pausa que nadie podría creer posible. Llevó “basura” desde el montículo informe del vertedero hasta un claro en la selva, su taller particular. Allí quitó el sobrante a las piedras hasta rescatar el mono; recompuso vajillas rotas hasta resucitar el perro. Dieciocho años después, su bosque mágico estaba poblado.
Y el cuento sigue así: con una ocasión meiga, de esas en las que pocos creen pero todos saben con certeza que haberlas, haylas. Nek Chand tropezó con una de ellas. Alguien descubrió la basura acumulada, y supo ver que ya no era basura sino un bosque habitado por esculturas. Aquí es donde la ocasión meiga entra en acción, pues ¡créalo usted! El ser humano decidió hacer uso de su capacidad pensante. Así, en lugar de que las autoridades siguieran los pasos que marca la ley para casos como este –multar a Nek Chand; quitarle la tierra de la que se había apropiado indebidamente; deportar a las esculturas a su basurero natal-, se decidió que el hombre que escuchó a la basura debía dejar su trabajo como controlador de carreteras y dedicarse en cuerpo y alma a su jardín. Luego nuestro cuento tiene final feliz, porque Nek recibió un sueldo con cargo al Estado.
Hoy el “Rock Garden” puede visitarse en Chandigar. Claro que, si no puedes viajar a India, también puedes pasarte por http://www.nekchand.com/ o coger la ruta alternativa:
http://www.clt.astate.edu/elind/nc_rg.htm 

Una buena muestra de que no todo es basura –como sentenciaba un amigo de mis padres-, sino que aún de los platos rotos, algo se puede construir.

2 comentarios

  1. Comentario por poco ingenio on Julio 16, 2006 9:16 pm

    Bonita historia y precioso bosque.
    Besos!

  2. Comentario por Guruguruguru on Julio 17, 2006 8:52 am

    La verdad es que a mí me encantó la historia cuando la supe, y más cuando vi algunas diapositivas del bosque. Lo que me da mucha pena es que llevo un mes intentando subir alguna foto para esta entrada, para que pudiera verse alguno de los perros tan chulos que ha hecho este hombre o alguno de los monos, que son la bomba… pero las fotos se me rebelan y no hay manera, así que al final decidí publicar la entrada aunque fuera sin fotos. Espero que te hayas pasado por alguno de los links para ver algo. Quien pudiera ir a visitar ese bosque, eh?
    Besos también para ti!!!
    Martha

RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario