El hombre de mi vida

El destino dirigió nuestros pasos hacia el mismo lugar, a la misma hora. En una tórrida tarde de agosto, cuando menos lo esperaba, simplemente ocurrió. Rotundo, fulminante. Esta vez no se trató de una jugarreta más del chistoso de Cupido; fui a Carrefour a por una piña y encontré media naranja. ¡Oh, vosotros, incrédulos del mundo, aprestad vuestros ojos, porque vais a leer el relato del verdadero amor! Todo empezó hace unas cuatro horas. Yo estaba en la piscina, cuando de repente una vocecita en mi interior me dijo: “¡Piña para cenar!” Pronto el concepto “piña” poseyó mi cerebro, me convirtió en una autómata y me llevó hasta Carrefour. Entré y la vi: amarillita, con su penacho verde, con el olor dulzón que toda buena piña debe tener. Abrazadas, mi piña y yo, fuimos hasta la caja, fue el preludio del romance. Había un par de clientes delante de mí. Entre pitidos del lector de códigos de barras, justo tras la última nota del preludio piñero, llegó SU voz, como un Aleluya acaparando mis sentidos. Estaba detrás de mí, hablando por el móvil. Me rendí ante la evidencia, no era posible escuchar nada más que SU voz. Me conquistó por el oído, tengo que confesarlo. Esa potencia de pulmones, esa repetición machacona de palabras.., su manejo del lenguaje me subyugó al instante. Macho-palabra-macho-palabra-macho-palabra, palabra-macho. ¡Qué ritmo! ¡Qué volumen! ¡Qué forma de intercalar artísticamente los machos en su torrente léxico sin sentido! Y oiga usted, cuando el amor llega así de esta manera, una sabe que todo lo demás no eran sino burdas imitaciones. Se acaban los miedos, las dudas, una SABE que es correspondida. Porque si no hubiera amor, él no me habría gritado los macho directamente al oído. Hablar al oído es una seña inequívoca de intimidad. Sin embargo, aunque todo mi universo se encontraba invadido por su voz, lo que realmente pudo conmigo fue el paradigma. Sí, sí, el paradigma. OyeS, macho, tienes que venir a arreglarme el ordenador, oyeS. Macho, lo tengo en casa muerto de risa, oyeS… Mañana nos vamos de vacaciones, oyeS. ¡Dulce sibilante, música celestial para mis oídos! Nunca ningún hombre me había hablado así. OyeS, veS a casa ahora, macho, oyeS. Que nosotros vamos para allá… ¿”Nosotros”??? Mi ceja derecha se arqueó como el acueducto de Segovia (sí, varios arcos dentro de una sola ceja), ¿cómo “nosotros”? ¿Es que acaso me había incluído ya en su plan? Yo puedo haberme enamorado a primera escucha, pero no soy esa clase de chica, no me iba a ir a su casa sin cenar antes mi piña, oyes. Sentí un dolor punzante en el pecho, recordé las clases de la facultad: plural inclusivo y plural exclusivo… ¿Quién piiiiiiii me excluye y se incluye en el “nos” de MI hombre? Con el pecho sangrante al estilo Corín Tellado, recordé que aún llevaba abrazada mi piña; la tensión del momento me había llevado a clavarme el penacho a la altura del esófago. Coloqué la piña lentamente sobre la banda negra y la atrincheré con la barra de “siguiente cliente.” ¡Quién fuera piña y no tuviera ojos! Pues más allá de la trinchera fue horrible lo que vi: leche, magdalenas, latas de atún, suavizante para la ropa, mano de mujer, ¡MANO DE MUJER! Nos encaramos. Su mujer me miró con dos ojos como dos puñales y mirada respondió con un “tu filo no me impresiona. Yo con tus ojos parto esta piña, oyes. Y me la como aquí mismo y sin pagarla, macho.” Pero antes de que la sangre llegara al río, ÉL terminó su conversación móvil. El Pedro, oyeS, que no viene. Que tiene a la parienta durmiendo, oyeS. “Parienta”… Me da igual si está casado o no, tengo que ver cómo es el hombre que usa tan dulce palabra para referirse a una mujer. Esos eran mis pensamientos, cuando sentí su mano en la espalda. No tuve que girar la cabeza, pues el hombre de mi vida, además de dominar el lenguaje, conoce los secretos mejor guardados de toda transacción comercial. Él sabe que empujando al cliente de adelante -en este caso, yo- la cajera cobra más de prisa. Sabe que si adelanta al cliente de enfrente -en este caso, otra vez yo- la primera clienta de la cola guarda todo en las bolsas más rápido. En fin, sabe que pasearse entre los clientes empujando acelera todo el proceso y se acaba antes la cuestión, macho, parienta, oyes… Hubo tocamientos por tanto, sí. A él no le importó que su mujer estuviera presente, y si a él no le importó, ¿por qué iba a importarme a mí? Miré, ya lo creo que miré. Que si mi oído se había llevado joyitas de la fonética, mis ojos también reclamaban su parte… ¡Ay! Su camisa de cuadros me inspiró bucólicas escenas de retozo campestre sobre mantel dominguero. Sus náuticos, ese pantalón azul marino de pinzas y su cinturón de rayas blancas y azules, ¡oyes! La imprescindible gomina obturándole las ideas, macho… ¡Para qué voy a contar más! Dejó que la mujer lo guardara todo en bolsas ella sola. ¡Ay! Era el hombre de mi vida, después de él, ya nada volverá a ser igual.
11 comentarios
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cojonudo, oyeS!!!!!
¡Me encanta, oyeS! Me has retratao!!!!
(hummm… espera, tú eras la chati morena de la caja número 6 del otro día, no? Lo que son las cosas, oyeS)
Ayyyy, el amor de mi vida en persona ha respondido!!! (jejeje) Sí, yo era la parienta de la seis, oyesss ;p
Hmmm… pues buen pandero, chati, oyeS…
ummm, qué bonitas son las historias amor (lease “hostias de amor”). Pero no te enamores, Mary, que luego se pasa muy mal.
Tú sabes que lo mío es desplegar grácilmente las alas y levantar un vuelo liviano. Hacer cabriolas por el aire y saltar de nube en nube para luego volver a agitar las alitas con soltura y así poder dirigirme hasta la pared más cercana donde pegarme el gran batacazo que me deja como un sello conmemorativo de mi propio ser. Pero de todas formas, ¿tú te has leído esta historia, nene? Que aunque se titule “el hombre de mi vida” va de todo menos de amor.
Un beso grande
… Aunque ahora que lo pienso, tal vez tú te referías a que no me enamore, así, EN GENERAL. Sabio consejo, mi pequeño saltamontes. Sabio pero inútil al menos si lo diriges a mí… (bueno, tú tampoco es que te apliques mucho el cuento eh?) En fin, que da igual. Luego ¿para qué te tengo, si no es para invitarte unas cañitas y ponerte la cabeza loca con mis melodramas?
Hay, niña, sólo tu te reservas el derecho de la ironía. Cuando yo la utilizo, resulta que no me he leido la historia.
Qué poca fe en un amigo…
Pero bueno, luego lo arreglas mencionando que me vas a invitar a cañitas. Bueno, acepto tus disculpas. ¿Cuando esas cervezas?
Las cervecitas eran en caso de que yo tuviera una llorera de las mías por desamor (cosa por fortuna ahora no ocurre) PERO… está bien, en cuantito que vuelva de la playa habrá cerveza, venga pues!!
oyes espero que haigas recibido mi mail, de cualquier modo capaz que te localizo por aca, voy al club y luego voy a trabajar que ya se hace tarde manta
ora si me hicistes reir retearto mucho manita!!!
que ondax con tu vida.
te mande un mail y veo si por este medio puedo contactarte. Mil años hace que ni se nada de ti, ya nos hemos de estar por morir de viejos, porque ayer me viniste a la mente y te googolicé.
un beso. si puedes escribeme al mail de la g (gmail) con jorazje como nombre.