Merci d’avoir choisi notre compagnie pour ce voyage


Te das la vuelta en la cama y sales rodando con una velocidad que no imaginabas posible en un cuerpo tan pequeño como el tuyo. Frenas sólo cuando tu cabeza -o más bien, el golpe de latón de esta- te indica con un “bong” que has llegado a tu destino, el viaje ha terminado: merci d’avoir choisi notre compagnie pour ce voyage. Se te quedan ojos de plato, y es que resulta que quien te hacía de barrera, el quitamiedos que te separaba del otoño, ya no está. Levantas la mano desde el suelo, tocas el colchón y te encuentras simplemente con una nota “me he ido a escalar el Everest.” Bien, le deseas buena suerte, aunque nunca pensaste que le gustara la montaña.
Nada que reclamar en la oficina del consumidor, no hay reproches, quizás te sorprende que tú cayeras antes de que la primera hoja se desprendiera de su ramita, nada más. Asumes tu condición de fruto tempranero y te alegras por lo que has vivido. Un beso al aire, adieu! Sacas el diario y lees los finales de capítulo:
- te quise puerilmente
- te quise equivocadamente
- te quise apasionadamente, desaforada, desmedida
- te quise plácidamente
- te quise desconsoladamente, con la desesperanza desbordando el cauce de mis ojos
Te entregas a la resurrección de tu pluma y, cuando tras el boca a boca la tinta vuelve a fluir, escribes: 

- te quise… Te quise con coderas, rodilleras, casco, protección dental. Te quise con filtro, tapones en los oídos y gafas protectoras. Te quise con el ABS en marcha y los airbag rozándome la nariz. Te quise con chaleco antibalas.

Te miras y suspiras porque estás intacta. No hay nostalgia porque se vaya a terminar el verano sino porque en el fondo piensas que una cicatriz más habría valido la pena. Pero en esta ocasión tu partner no quería sangre, así que seguiste las reglas y jugaste “suave”, sin tirarte al suelo. Sin tocar fuera de la cancha y, dentro de ella, ateniéndote a los dos pasos permitidos, ni uno más. Pensaste en proponer un cambio de reglas, pero justo cuando ibas a abrir la boca, sonó el pitido del final del partido.

Y ya en casa, después de la ducha, piensas si fuiste tú o fue la fecha de caducidad en la tapa del yogur. Cierras los ojos y repites “caducidad, caducidad” como si la plegaria pudiera servir para rescribir las últimas líneas. Abres los ojos y supones que quien te hacía de espejo creyó más conveniente tirar el yogur antes de que caducara. Una vez más confirmas que todo espejo tiene dos caras y que aunque se parezcan son distintas; una precavida y coherente, en la cara contraria estás tú. Tú te habrías comido el yogur en vez de tirarlo. Y ¿quién sabe?, tal vez habrías guardado el bote para poner lápices, o mejor aún, germinar alguna semilla, porque semilla que germina, algunas veces, puede llegar a dar flor.

Te quise sin sonido, respetando el mutismo de tu inicial. Te quise en blanco y negro, y tal vez es lo único que lamento, porque así no soy yo, debí haberme rebelado en color. Debí haber seguido mi estilo, volar y estamparme como siempre, guardarte en forma de cicatriz.

4 comentarios

  1. Comentario por Marc R. Soto on Agosto 26, 2006 7:03 pm

    estremecedor… me gusta la figura del yogur… dónde la habré visto yo antes? ;)

    En cualquier caso, hay tiempo.

  2. Comentario por Marc R. Soto on Agosto 26, 2006 7:05 pm

    en cualquier caso, pese a lo poco que te conozco, sí que me extraña en ti tanta profilaxis sentimental…

  3. Comentario por poco ingenio on Agosto 27, 2006 1:44 am

    precioso lo que escribiste, niña. tengo ganas de hablar contigo. besos

  4. Comentario por Guruguruguru on Agosto 27, 2006 10:44 am

    Marc: la figura del yogur… ehem, es un préstamo literario tomado de un gran autor amigo mío ;) No sé si lo conocerás :p
    Lo de la profilaxis sentimental.., me conoces poco pero sabes que no es mi estilo. En fin!

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