EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO… y encontrándolo
Dicen que viajar es bueno para el espíritu y la mente, que te abre horizontes, te muestra que no eres el ombligo del mundo y te enseña a valorar lo diferente. Pero cuando el efecto descentralizador tiene dos direcciones, cuando resulta que no sólo el ambiente actúa sobre ti, sino que al entrar en un aula te conviertes en agente despertador de ojos jovencísimos que te miran con esa curiosidad que ni siquiera recordabas que un día existió en ti, entonces, sabes que estás recuperando cuanto tiempo hayas podido perder. Su curiosidad adolescente y el triunfo de sus descubrimientos te alimentan, te das cuenta de que sí existen las segundas oportunidades, de que el tiempo vuelve –si bien de forma distinta-, y sientes que la vida es mucho más bonita de lo que te parecía, que si ya te gustaba antes, puede ser aún mejor.
El tiempo ha vuelto para mí en muchos sentidos, con la ventaja de que esta vez deseo aprovecharlo conscientemente. Así que aquí estoy, en la costa oeste de Escocia, recuperando cosas como la pasión por enseñar, intentando recordar que hay grandeza en lo pequeño y que muchas veces basta poco para ser feliz. Entre las cosas pequeñas está el ver cómo mis alumnos “descubren América” cada vez que digo que soy mexicana o que explico cuántos millones de personas pueden vivir en una sola ciudad. Los imagino volviendo a casa y contando a sus padres que tan solo en mi barrio natal hay tanta gente como en todo Escocia. Saboreo las caras de sorpresa y los suspiros de alivio cuando descubren que hablo inglés. Intento no estropearles el juego cuando me toman el pelo diciéndome que todas las mañanas desayunan un cuenco de patatas fritas con zumo de naranja. Aceito mecanismos que se me habían oxidado hace ya tiempo y que sin embargo saltan inmediatamente en mis chicos. Son mecanismos automáticos cuya función es sacarte de ti mismo ante las cuestiones incomprensibles de la vida. Y la vida, creedme, está llena de este tipo de cuestiones. Sin ir mas lejos, yo, viviendo en Madrid, no he visto nunca a David Beckam ¿Será posible? Si mis chicos y yo, viviendo en Gourock ahora, nos hemos encontrado mil veces en el parque o en el supermercado. Sirva esto para ejemplificar lo incomprensible. ¿Cómo no va a ser española Shakira si habla español? ¿Por qué, si yo soy latinoamericana como ella, no puedo bailar igual? O la reina de las intrigas: si entiendo lo que dice Enrique Iglesias en versión original – y OBVIAMENTE está buenísimo- ¿Por qué ni siquiera conozco sus canciones? Tal vez precisamente porque puedo entender lo que dice me abstengo de escucharlo, aunque ahí seguro que habla el óxido maligno que el tiempo ha ido dejando sobre mí. Quién sabe si después de nueve meses antioxidantes vuelvo a España tarareando algún “himno sagrado” de Henry Churches… Tan malo no puede ser el chico, puesto que su foto aparece en un mega poster de la biblioteca que dice en un castellano perfectamente claro: “lee”. Enrique lee, ¡qué duda cabe! Por cierto; a Enrique es normal que no lo haya visto nunca, aunque sea español vive en Miami. CUALQUIERA puede entenderlo –y esto es necesario decirlo con los ojos mirando al cielo-.
Ventajas y desventajas de todo, eso es lo que tienen que aprender a expresar mis chicos para sus exámenes orales de español. Ventajas y desventajas de vacacionar con los padres o con los amigos. Ventajas y desventajas de vivir en un sitio pequeño… Ventajas de que el tiempo vuelva: puedes reconciliarte con las partes oscuras de tu pasado. Yo también estoy aprendiendo. He trabajado solo dos semanas; veinticuatro horas de clase, un día en la vida de cualquiera. Recuerdo que mi primer día como “asistente española” fue en St Columba’s High School. Me llamó la atención que los alumnos llevaran uniforme, luego supe que en todas las escuelas de Escocia se usa uniforme. Es siempre igual: pantalón o falda negra, zapatos negros, camisa blanca. Lo único que cambia de una escuela a otra es el escudo del colegio, que va bordado en la corbata que tanto chicos como chicas tienen que usar. Los profes también van bastante formales –horror para mí que cuento con un solo pantalón de vestir y que me niego a comprar ropa con la que me siento disfrazada-. Resulta cuando menos curioso ver a un profe de matemáticas de veinticinco años perfectamente trajeado. Y puedo asegurar que va de traje siempre, o por lo menos todos los viernes, día en el que me siento junto a él en el coche que viene a buscarme por la mañana. Pero lo interesante de la vestimenta seria es que contrasta con la relajación en el trato entre alumnos y profesores. Hay disciplina y respeto, sí, pero niños y profes se tratan entre sí como personas y no como especies enemigas, que era más o menos el recuerdo que yo tenía de mis años escolares. Primera reconciliación.
Intentar contar aquí todas las cosas con las que me he reconciliado sería demasiado largo y aburrido para quien me lee; mi imagen de los adolescentes, mi propio papel como profesora. Estoy recuperando la época en la que no tenía sentido del ridículo para subirme a un escenario – en breve me tocará cantar, bailar, contar cuentos… para algo cada colegio tiene su propio auditorio y sus propios festivales-. Dieciséis años después de haberla perdido, recupero la fluidez en francés -pues mi “flatmate” es francesa y estoy rodeada de profes franceses-. Vuelvo a creer que vale la pena tener proyectos de futuro, proyectos de los serios, de los que pueden dar miedo. En fin, el otoño no ha hecho más que empezar y el invierno promete ser largo e introspectivo, ya veremos lo que puede dar de sí. De momento hoy no ha parado de llover pero yo, en la biblioteca municipal, mientras escribo esta entrada, sé que a pesar de mis múltiples y variadas ralladuras mentales soy una persona feliz.
3 comentarios
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ole, ole y ole!!! Me alegro muchísimo de saber que todo te va fenomenalmente
Besosss
La verdad es que me das envidia… Yo también quiero escaparme a algún lugar de las islas británicas…jooooo
Oye, si vives en Escocia, ¿has conocido ya a Harry Potter?
Harry and I have already become close friends
Well, actually not yet, but are about to. As it rains so much I think I`ll read him thoroughly so by November we`ll be quite close.
Besines
Martha