Historia de una muerte imprudencial
Para Eva, que me introdujo en los misterios de los colores pasajeros.

Él tenía una mirada de azul profundo, azul Mar del Norte de lunes a viernes de 9 a 21 y sábados de 9 a 16. Él era él y yo me limitaba a mirarle sólo en horario azul. Su azul y mi disciplina nos hicieron felices durante algún tiempo. Pero un día mi curiosidad creció como un globo. Quise asomarme al balcón de sus ojos fuera de horario, quise saber cuál era el otro color. Asomada me encontraba, cuando las persianas de sus pestañas me arrojaron al vacío. Y sí, consecuentemente, morí para siempre.
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