Saudade
Si te pregunto cuál fue exactamente el momento en el que el abejorro de la nostalgia zumbó por primera vez en tu oído, ¿sabrías responder?
¿Cuándo, exactamente, se acercó sigiloso a ti y con su aguijón invisible te inoculó el veneno agridulce?
¿En qué momento de tu vida conociste la parte agria y cuándo la parte dulce de la palabra?
¿Habías aprendido a hablar ya cuando comprendiste que su dulzura estriba en su capacidad de transportarnos a los momentos más bonitos de nuestra vida?
Y si sabías hablar ya, ¿tenías el vocabulario suficiente para entender que “nostalgia” no es lo mismo que “añoranza”? ¿Supiste ver entonces que la añoranza es prosaica en su vestimenta mientras que la nostalgia se envuelve en desesperanza? En una desesperanza etérea donde el sufijo no indica desamparo sino simplemente ausencia. Limpia y serena ausencia de esperanza, tranquilidad. Conocimiento sensato de que aquel momento, aquella persona, el objeto justo de nuestro recuerdo nunca podrá ser porque vive en una burbuja perfecta fuera del tiempo. No volverá a ser y sin embargo siempre es recuperable, de ahí el carácter sublime de la nostalgia. Vehículo instantáneo que nos lleva a espacios casi intangibles… “casi”… Porque ¿no me digas que no has cerrado nunca los ojos y te has dejado llevar por algún olor? No serás tú quien me diga que ha pasado por la vida sin haber volado lejos de pronto con un sonido simple o con una canción. Una chispa repentina, y podemos casi tocar la burbuja.
Dítelo bajito al oído, tan suavemente que puedas escucharlo sólo tú. ¿Cuándo descubriste la nostalgia? ¿Lo sabes?
Esta mañana un hecho cotidiano, insignificante, un abejorro casi invisible bailó durante un segundo frente a mí sobre el cuenco del desayuno. Cerré los ojos y pude ver con claridad. Vi el espacio grande de mi nostalgia acumulada a lo largo de los años. Me sentí feliz y afortunada de poder volver a mi cofre del tesoro y contar mis pertenencias. Vi claramente el momento, hace muchos años ya, en el que encontré la puerta mágica sin querer. Desde entonces mi afición a entrar y otra vez.
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