La hora de las peticiones
- Hello
Enero, sí, finales para más INRI. La famosa cuesta que no por mucho pedalear termina de subirse. Será el viento que sopla en dirección contraria, será que en el fondo nunca aprendí a andar en bicicleta, no creí que fuera a serme de utilidad. El cartero sabe que hace tiempo que vivo en San Andrés, lo sabe y se hace tonto, debería empezar a darle el tratamiento que merecen los ingratos.
No me pasa desapercibido que éstas no son épocas del año para atrapar hadas, y sin embargo aquí estamos, pensando que aunque parezca increíble, este clima puede ser propicio para la siembra, no descarto que dentro de poco se pueda ver una flor. Trabajo, pues. Cualquiera que se hubiera atrevido a pasear hoy por la calle del norte habría podido verme: una mano a la taza de café y otra al teclado del ordenador. Buena predisposición, alma tranquila, la música de la emisora de clásico marcándome el ritmo para pasar de página entre un autor gótico y otro. Todo discurría sin sobresaltos, hasta que llegó la hora de las peticiones y descubrí que con sólo diez años puede uno estar podrido. Podrido del tiempo, podrido como el tiempo, en cualquier caso la mejor banda sonora para esta estampa es una pieza de Grieg. ¡Tendríais que haber escuchado la voz del niño, su entonación, la rotunda sencillez de sus ideas! Fue la mejor nota del día.
2 comentarios
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lo más pequeño puede hacer grande un día miserable.
Me encantó volver a leerte.
d- desde los madriles, descolocados con su primavera anticipada
así es, mi querida d, bien sabes que lo más pequeño con frecuencia suele ser lo más grande.
besos desde la tierra que la primavera no se atreve a pisar.