Pide lo que quieras

La botella cayó en el suelo con un ruido estrepitoso, giró un par de veces sobre su base y finalmente terminó sobre un costado, sin romperse. El tapón salió disparado por la fuerza del golpe. Se escuchó entonces un ‘¡bfff!’, algo parecido a un resoplido tremendo, y a continuación una gran carcajada. De entre una profusa nube de humo surgió una voz cavernosa:

 

-       Soy un genio, ¡bfff!

 

La chica permaneció sentada donde estaba, las palabras que acaba de escuchar no parecían sorprenderla en absoluto. En silencio, clavó la mirada en la enorme boca que ahora soltaba otra sonora carcajada.

 

- ¡Bfff! Llámame tradicional, pero voy a concederte tres deseos.

 

Los ojos almendrados de ella parpadearon un par de veces, dejando rodar una lágrima. Tosió un poco, se aclaró la garganta y dijo por fin:

 

- Tres deseos, ¿eh? Perfecto, no necesito más. Veamos… Uno: no vuelvas a beber tanto para celebrar lo que no merece celebración. Estás tan borracho que tiras las cosas. Dos: apaga de una vez la maldita pipa o abre la ventana. Y tres: acepta la verdad, no eres ningún genio. Estoy tan aburrida de verte perder siempre al ajedrez, que te he dejado ganar.

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