Completamente cubierta por la escarcha de tu silencio me pregunto, ¿por qué hace tanto frío junto a ti?
Me pregunto, ¿qué es eso que sigue vivo debajo de nuestra manta? Mis sentimientos estiran sus dedos y te tocan pero no lo notas.
Parece que hubieran pasado mil años desde que cayó la última noche.
Y de repente, no sé cómo, amanece. Y no logro saber cuál de entre todos los granos de luz que han entrado por nuestra ventana abierta ha logrado la alquimia.
Juego de intercambios.
Amanece y hay vida en tu lado del colchón, pero yo me quedo completamente quieta mientras tus dedos intentan hacer cosquillas en mi corazón. Otra vez has encontrado el andén vacío, sueles llegar siempre justo cuando ya no te esperaba.
Somos polos opuestos, esa es la única invariable entre tú y yo. Nuestras estaciones, aunque quieran, nunca pueden coincidir. Y a pesar de eso, o tal vez por eso, el vacío nunca logra hacerse con ninguno de los dos, porque sin pensarlo nos vamos alternando para tirar del hilo invisible que nos mantiene a salvo, justo sobre la línea de flotación.
Me pregunto, pero no encuentro respuesta. Será tal vez que en blanco y en negro, de día y de noche, en invierno y en primavera, nuestro lugar sigue siendo nuestro. Será que siempre y nunca, para mi desgracia y suerte, tú sigues siendo tú.
Durante un segundo caemos justo sobre el mismo lugar. Me preguntas si hace falta una respuesta, y durante un segundo solo, no necesito contestar.
(Hoy cumple un año este texto que tenía guardado como borrador. Creo que a estas alturas puede salir a la luz sin que el sol le haga cerrar los ojos).
3 comentarios
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Tan hermoso como triste. Alegra saber que surgen escritos ocultos ya sin fotofobia. Besos, Martha.
Yo creo que está muy bien que lo hayas sacado a la luz. Saludos
Da mucho gusto saber que hay escritores como tu, que escribe y se expresan tan
bonito que es agradable leer. sigue escribiendo y suerte.