Post-it nº1: tirar tarot
12 jun 2010 3 comentarios
Hoy, leyendo la columna de una amiga de esas que uno no conoce personalmente pero que gracias a sus letras se deja conocer, recordé que a principios de año, en mis incontables pesquisas por la clave de la felicidad, leí una frase que me llegó al alma: “es necesario aumentar la tolerancia frente a la incertidumbre”. La apunté en un post-it y la pegué en la pared pensante de mi salón. Desde entonces he pensado en la frase en los días impares del mes; los pares los reservo para ser cabezota, irreflexiva. Vamos, para resolver todo aquello que hay que hacer con un par
Bien, volvamos. La lectura repetida de la frase me llevó a hacer un inventario de todas las veces que me había sentido frustrada porque, después de los laboriosos preparativos, de la minuciosidad con la que había decorado mentalmente esta o aquella escena de mi futuro, la vida llegaba y hacía simple y sencillamente lo que le venía en gana.
Primera reflexión: hay que dejar de planear. ¿Para qué, si luego las cosas salen de otra manera? Pero creo que esta forma de interpretar la incertidumbre conduce a una frustración aún mayor que la provocada por ver los planes hechos añicos. Pensar que nada, o casi nada, está en nuestras manos y que por tanto es inútil intentar lo que se llama labrarse un futuro, es ciertamente desmoralizador. Al menos la planificación conlleva la ilusión y la alegría propia de los sueños hechos a medida. <<Podrán quitarme el resultado final>>, me dije, <<pero el gusto de soñar despierta, esa gasolina que me pone en movimiento cada mañana, nadie me la quita>>. Cayó la noche, vino el día par, seguí planeando y me hice fuerte frente a la incertidumbre. Fuerte, que no flexible.
… Y pasaron los meses. El post-it se agitaba de vez en cuando con el viento, como el que asoma la patita para decir, <<eh, que sigo aquí>>. Así que seguí pensando. Entonces, de pronto, me pareció entrever un significado infinitamente más aceptable y, creo, más cercano a la enseñanza de la frase. Vamos a ilustrarlo con un ejemplo cercano; un cumpleaños o Navidad. En esas ocasiones, sé que me van a hacer regalos, pero prefiero no saber qué me van a regalar. Más de un hombre en mi vida me ha odiado por ello, pero es así, adoro las sorpresas. Cuando, de vez en cuando, aparece quien me pregunta qué quiero que me regalen, siento que me han reventado un poco la fiesta, es casi como cuando de niños se nos escapa el globo que nos han comprado y lo vemos alejarse lentamente llevándose nuestra ilusión. Puede que decir lo que quiero sea mucho más práctico, sería una forma de evitar a mis amigos y familiares el tener que recorrer los pasillos de los centros comerciales invocando al hada de la inspiración. Además, decir <<quiero que me regales esto>> disuade eficazmente a Las Tres Gracias de presentarse en el momento de la apertura del regalo. Ya sabéis; Gracia uno: ya lo tiene. Gracia dos: no le gusta. Y, finalmente, Gracia tres, la hermana pequeña: no le queda. Sin embargo, la sorpresa es para mí tan importante como el regalo mismo, casi me atrevería a decir que medio regalo corresponde a la chispa de la incertidumbre… Eso es, LA INCERTIDUMBRE. Me di cuenta de que si todo saliera como quiero sería aburridamente feliz, tan aburridamente feliz, que ya no sería feliz. Lo que es más, mirando hacia atrás veo que las mejores situaciones, personas y lugares han llegado sin que las llamara y muchas veces como consecuencia de no haber obtenido lo que quería.
Pero pasó algún mes más y el post-it seguía agitándose al viento. Tanto se agitaba, que dejé lo que hacía para cerrar la ventana. Y vi una cosa más, todas esas “ventanas” por las que creemos que podemos espiar al futuro. ¡Como si nuestra vida se tratara de una película que ya ha sido rodada y terminada! Luego el absurdo: jamás se me ocurriría ver el final de una película si no he visto antes lo demás. ¿Por qué? Porque la estropearía y ya no tendría ninguna gracia.
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué esas ansias de saber si voy a obtener aquello por lo que estoy luchando hoy o si va a aparecer un elefante marino en mi bañera? <<Para poner remedio a tiempo>>, contestaría mi Yo-lo-tengo-todo-bajo-control. Pero ¿os imagináis vivir sabiendo lo que va a ocurrir mañana y pasado mañana y dentro de un mes? Bueno, pues por suerte la vida no es así, es imposible hacerla entrar en el corsé de nuestros deseos porque es un río caudaloso que va por donde le da la gana. Intentar saber lo que va a ocurrir en el futuro es un deseo de acotar la incertidumbre y eso es una tarea tan titánica por inabarcable que resulta incompatible con la tarea de vivir… ¡Qué pequeño detalle! Vivir.
No sé si es día par o impar, pero pego un post-it en la pizarra de tareas para la semana: tirar tarot (a la basura).

nov 27, 2010 @ 04:31:19
Martha, ¡cómo estáis tú, el gnomo, la insatisfacción y la incertidumbre… van algunas reflexiones a propósito de tus dos últimos post:
En primer lugar, si te haces amiga de la incertidumbre (léase del presente, porque la ansiedad sobre el futuro se tiene en el ahora) tienes a tu alcance el potencial de los milagros, la vida se vuelve amistosa. Si piensas cómo deberían de ser las cosas, coartas a esa vida en su fluir. La mente/ego dirá: “huy, qué miedo, no lo veo nada claro”, y ahí es cuando hay que decir: “ladra cuanto quieras, te oigo, y te acepto, te acabarás serenando”. Eso es profundamente liberador, cuando admitimos esa resistencia y, precisamente por no luchar contra ella, la descargamos de energía, tomamos el mando tranquilamente sólo observándola. Y entonces la vida comienza a desplegarse de forma tan insospechada como elegante. Puede que no exactamente como queremos, pero siempre mejor.
Y sobre soñar y hacer planes, je, ya me conoces, hacía muchos y ninguno resultó… hasta ahora, que descubrí que precisamente el sueño o el plan no han de ser el objetivo primario, sino el secundario. Lo principal es disfrutar de lo que hagamos cada instante ahora, que la meta sea la excusa para un viaje fantástico, no usar el presente como un molesto trámite para lograr un fin. La realización y la felicidad sólo se pueden dar entregándose en el presente, el único momento que realmente nos pertenece y en el que podemos hacer algo. Pasado y futuro sólo son fantasmas.
Jopé, parezco el Dalai lama, pero más o menos es lo que aprendí estos meses.
Cuídate, Martha
Pedro
(ya sabes quién soy)
dic 04, 2010 @ 17:20:28
Mmmmm! Me ha gustado la reflexion. La incertidumbre, es excitante en si misma pero … alli estan los deseos. Que complicados somos tantas cosas tirando para un lado y otras para otro como caballos desbocados. Les hace falta una direccion comun. Los suenos. Solo falta dejarlos pasar. Besos
dic 04, 2010 @ 17:21:11
Por cierto me encanta el nuevo look de tu blog