Tokio Blues


<<Ave María purísima

Sin pecado concebida… Padre, confieso que no me gustan Los Beatles.
¡Pero hija mía, qué me dices! ¿Cómo te atreves? ..No hay penitencia que pueda limpiarte de semejante pecado, lo sabes, ¿no?
Sí.
… Tal vez, si te arrepintieras, si te retractaras…
No puedo, padre, me supera.
Siendo así, ¡que el peso de la vergüenza pública caiga sobre ti por los siglos de los siglos!
Que caiga, padre, que caiga.>>

Y caerá, porque seguramente más de uno se escandalizará al saber que para mí “Norwegian Wood”, hasta hace poco, significaba madera noruega, literalmente. Eso y sólo eso, sin ninguna referencia musical. Ya me parecía curioso el título cuando me compré la novela de Haruki Murakami en una librería de Glasgow el verano pasado. Leyendo la contraportada no conseguía entender a qué venía Noruega si la novela se desarrollaba en Japón.

En fin, empecemos a hablar de este libro por el principio; su título. En España se ha publicado como Tokio blues, cosa que a algunos – según he leído por ahí – no les ha parecido muy adecuado. A mí no me parece del todo mal, matizando, ya que Tokio juega un papel importante en la novela y desde luego, si tuviéramos que elegir música para ambientarla, casi todas las páginas deberían llevar de fondo melodías tristes, o en el mejor de los casos melancólicas. De ahí que lo del blues, sobre todo en su acepción de ‘tristeza’, no esté mal. Esto, por cierto, debería servir de advertencia para quien vaya buscando una novela alegre; Tokio Blues no lo es en absoluto. Pero volvamos al título, ¿la traducción española nos ha privado de la referencia a Los Beatles y por tanto de una expansión del significado global del texto? Es muy probable. Norwegian Wood suena en las primeras páginas, cuando Toru Watanabe, el protagonista, está sentado en un avión. La música pone en marcha los recuerdos de Toru y la narración se traslada al Tokio de 1968, época en la que tanto él como el propio Murakami iban a la universidad. Ahora bien, antes de incursionar en barros autobiográficos, me gustaría añadir que la elección de Los Beatles por parte de Murakami -por volver a su pérdida en la traducción del título- sirve como anclaje temporal y cultural. Es evidente que ser joven a finales de los sesenta lleva de alguna manera de la mano el sello cultural de los de Liverpool. Creo recordar que hay un par de momentos más en la novela en que uno de los personajes femeninos canta Norwegian Wood, pero hace ya casi un año de mi lectura y puede que lo que los personajes cantan sea otra canción de Los Beatles (si alguien me saca de la duda, lo agradecería).

Pero hablemos de las coincidencias entre Haruki Murakami y Toru. Algunos críticos han querido ver en Tokio Blues una novela autobiográfica, son muchas las coordenadas que identificarían al protagonista con el escritor; la época en la que van a la universidad, el que ambos encuentren su primer trabajo en una tienda de discos. Toru estudia literatura y drama en la universidad, le gustan los autores occidentales y lee en especial a escritores norteamericanos, por ejemplo tiene El Gran Gatsby entre sus libros favoritos. Leer a Murakami supone encontrarse, efectivamente, con un regusto a letras norteamericanas. Sin embargo, a mí me parecería importante que la nebulosa autobiográfica no nos apartara del significado simbólico que tienen todas las elecciones narrativas dentro de Tokio Blues. Por ejemplo, que la trama arranque en el 68 es más que adecuado a nivel de significados porque equipara el descontento y las revueltas sociales -que como todos sabemos, eran principalmente estudiantiles- con la desazón existencial de los personajes. Los movimientos estudiantiles, según los presenta Murakami, eran una moneda con una cara hipócrita y superficial, y otra que verdaderamente se encontraba a disgusto con la realidad. Esto se plasma perfectamente en la novela, ya que nos encontramos con los dos tipos de personajes. Creo que sospechar -o encontrar – biografía en el texto es irrelevante para disfrutarlo y no refleja sino el voyeurismo que acompaña a muchos lectores, y sobre todo a muchos críticos, cuando se trata de la obra de un escritor importante. Y es que si bien Murakami había escrito y publicado varias novelas anteriores a Tokio Blues, fue esta la que lo catapultó al éxito en Japón. Parece que el furor que levantó la novela entre los nipones fue tal, que se hizo una edición especial en una caja dorada que contenía dos tomos; uno rojo y otro verde. Los fans se vestían de uno u otro color en función del tomo con el que se identificaban más.

Evidentemente, un seguimiento tan apasionado hace que uno se pregunte qué tiene la novela para haber encontrado tantos adeptos. Supongo que se trata sobre todo de la libertad de Toru, del libertinaje de Nagasawa (amigo de Toru), y del caleidoscopio de personajes femeninos. Muchos personajes de Tokio Blues son muy atractivos como modelos sociales. Sé que inmediatamente, quien haya leído la novela, me dirá que hay un grupo de personajes que nadie desearía como modelo. Totalmente de acuerdo, pero son personajes que equilibran la balanza, dan consistencia y hacen que la novela no se convierta en literatura pop.

Y hablando de personajes con peso, volvamos a la canción (al final va a resultar que Murakami sabía lo que hacía al elegir su título). Dumas dijo muy bien dicho aquello de ‘cherchez la femme’. Norwegian Wood tiene fuerza para evocar recuerdos no porque le guste a Toru, sino porque se trataba de la canción favorita de una mujer… No seré yo quien haga de Jack el destripador aquí, no os voy a contar de qué mujer se trata ni cuál es su función en la novela. Indicaré sólo que para mí tanto ella como los otros tres personajes femeninos resultan fascinantes por cuanto no son en absoluto el retrato de una mujer estándar, ¡todo lo contrario! Murakami consigue reflejar complejas problemáticas interiores, y lo que es más interesante -al menos desde la perspectiva técnica-, lo hace desde la incapacidad de comunicación, sobre todo cuando se trata de Naoko, el personaje femenino que hace de contrapeso a Toru .

Murakami usa pues una canción como detonante para que su protagonista viaje en el recuerdo. Tal como nos ocurre a todos en la vida real. Quizás sea esta una de las cosas que me enganchó a la novela desde el principio. Creo que se trata de un texto altamente sensual, no por erótico -que tiene sus momentos-, sino porque alude constantemente a los sentidos. Los personajes están vivos, de la manera más primaria posible: a través del tacto, del oído, del gusto; sus sentimientos sufren auténticas variaciones meteorológicas. Algunas reseñas hablan de un Bildungsroman contado en retrospectiva. Según esta perspectiva veríamos cómo Toru se forma a través de las distintas dificultades que se le van presentando en el camino. Sin embargo, decir que Tokio Blues es una novela de formación me parece bastante reduccionista y a la vez creo que debilita la intención del texto. Hay formación, sí, pero para quien quiera leer la novela, debe saber que se trata de una formación -¿y deformación?- en tono existencial.

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. d, la mujer de altura
    May 09, 2008 @ 10:56:32

    ¡¡¡ Gracias mil !!!!!

    espero que ésta sea la primera de muchas otras críticas literarias. Ha sido un placer leerla, muy interesante.
    Ya te contaré cuando la “madera noruega” (¡¡ No me acordaba de The Beatles!!) caiga en mis manos y mis hipermétropes ojos paseen por sus páginas.

    Besos1000000
    d- la mujer de altura y poderío

  2. Pau Llanes
    May 09, 2008 @ 12:24:47

    DESPEDIDA: Vengo a despedirme… Fue un placer leerte y saber que alguna vez también tú leíste los textos de Pau Llanes… Un saludo fraternal y un abrazo cómplice… Pau

  3. Martha
    May 11, 2008 @ 00:28:34

    Mi querida d: me alegro de que esta recomendación (bastante menos breve que mi limitado ‘me encanta’ con el que te había dejado anteriormente) te haya incitado a hincarle el diente a Tokio Blues. De verdad que creo que vale la pena, aunque bien es verdad que no representa el estilo más característico de Murakami. No tiene ningún elemento fantástico, por ejemplo. Espero tus comentarios – despiadados 😉 – cuando la termines.

    Mientras tanto, a ver si me aplico a la lectura que nos recomendaba Bruno Pekín, desde luego Murakami es un maestro, y seguro que un poco más o un poco menos, pero cualquier otra novela suya también me gustará.

    un beso

  4. Bruno Pekin
    May 23, 2008 @ 23:45:18

    Saludos, Martha¡ ¿Cómo va la vida?¿ya has bajado al pozo? Bueno, si no es así, pues todo se andará….Veo que te entusiasma el Murakami…¡Diooossss, qué análisis¡ ¡Brillante, pardiez¡. Semejante estudio me anima a convocar el nombre de los escritores que más cerca he sentido (no digo los mejores, yo qué sé lo que es eso, sino lo que más han estado ahí, por una u otra razón). Hummmmmm, veamos…..¿quién?,¿quién?…
    1. Enid Blyton.
    2.Agatha Christie.
    3.Nabokov.
    4.Phillip K. Dick.
    5.Julio Cortázar.
    6.Chandler.
    7. Torrente Ballester.
    8. Edgar Allan Poe.
    9.Rudyard Kapuscinski.
    10. Irvine Welsh. (Este, como sabrás, es de Glasgow, y está aquí solo por Trainspotting, el resto de su obra es profundamente insoportable, qué se le va a hacer, pero ese libro…ese libro es cojonudo).
    ¿Y los tuyos Martha?¿Y los vuestros, ilustres visitantes de este blog?. No vale pensar mucho. Hay que disparar rápido. Así son las cosas en el oeste.

  5. Martha
    May 28, 2008 @ 16:41:51

    Veamos, los diez que más cerca he tenido por una u otra razón, en uno u otro momento de mi vida…

    1. Gabriel García Márquez (lo mío con él fue adicción temprana, sí, lo confieso)
    2. Milan Kundera (su insoportable levedad del ser me llegó al alma, otros libros suyos ya…)
    3. Italo Svevo
    4. Salman Rushdie (Los hijos de la media noche me encantó. Igual, otros libros suyos…)
    5. John Irving
    6. Graham Greene
    7. Edgar Allan Poe, definitivamente, sí.
    8. Elsa Morante (La Isla de Arturo me encantó)
    9. Charlotte Brontë (llamadme clásica, pero Cumbres Borrascosas me parece lo más)
    10. Luigi Pirandello

    Y bueno, creo que está claro que Murakami me encanta, y eso que lo primero que leí de él no creo que sea precisamente su mejor novela, fue ‘Dance, Dance, Dance’. Por cierto, el año pasado intenté leer Glue, de Irvine Welsh… en inglés…. ja! Quien lo consiga y no sea natural de Glasgow, mis respetos!!! Dialectos aparte, coincido con Bruno Pekín, la novela tampoco parecía muy prometedora.

  6. d, la mujer de altura
    Jul 01, 2008 @ 20:05:34

    Martha darling

    perdona mi tardanza en escribir en esta sección, la vida moderna me descoloca.
    Te comento algunos de los autores y obras que me han causado enorrrme impresión e invitan a releerlos.

    – Sue Townsend: la mamá de Adrian Mole, el eterno adolescente. Recomendable lectura en transporte público, lágrimas como puños…pero de risa.;D
    – Colm Toibin. La sencillez y la profundidad van unidas.
    – Oscar Wilde.
    – Agatha Christie. Ah, esas lecturas adolescentes en las noches de verano.
    – Kazuo Ishiguro. The Remains of the Day sigue siendo una obra de referencia para mi.
    – Lewis Carrol.
    – Somerset Maughan
    – Roddy Doyle
    – Jeanette Winterson (gracias por descubrírmela, Martha)
    – Miguel Delibes
    – Pete McCarthy.
    – Bram Stoker. Sólo he leído Drácula, pero, ay, pasas miedoooo.

    Soy aficionada a la literatura infantil, especialmente de la época victoriana y principios del s.xx.
    – Alice in Wonderland y Through The Looking Glass. También los limericks y poemas para niños
    – The Wind in the Willows, de Kenneth Graham. ¿Favorito? mmm, muy probable.
    – The Wizard of Oz, de L. Frank Baum. ¿Por qué Dorothy quería volver con su familia con lo bien que estaa en Oz? Siempre hay que seguir el camino de baldosas amarillas.
    – The Secret Garden, de Frances Hodgson Burnett.
    – A Christmas Carol. ¡¡¡ Y eso que no me gusta la Navidad!!!
    – Three Men in a Boat, de Jerome K Jerome. No exactamente un libro para peques pero sí para adolescentes y espíritus con ánimo divertido.

    Alguno de estos libro volveré a leer este verano, los madriles calurosos invitan a ello.
    d- la mujer de altura

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